Van algunas fotografías de una de las orquídeas que Cacao me regaló en mayo del 2005, en un viaje que hicimos a Fusagasugá. Esta es la segunda que vuelve a florecer. La primera lo hizo en diciembre pasado, poco antes de su viaje al Canadá. Era blanca. Esta es de otro color ... amarillo ... no recordaba como era. Es preciosa. También van fotos del anturio rojo que le regalé, y que luego heredé.
Ambos, el anturio y la orquídea, muestran el cambio, el nuevo florecer, el abrir a una nueva vida. Las he cuidado y, he observado cómo expresan el paso de la vida, cómo la semilla se va transformando bien cuando ha sido cuidada, aceptada, alimentada, protegida, dejado ser, estando atentos a lo que necesiten. Muestran que la vida florece una y otra vez, con el paso del tiempo. Y también, claro, que cada paso va dejando en ellas las señales del tiempo, de los amores y los desamores. Nunca un florecer será igual al otro, y no sabemos cuando y cómo será el siguiente, pero cuando llega nos sorprende y alegra que continúe floreciendo.
También van fotos de mi primera acuarela, hecha para Sofi y Alexandra.
El panorama: algunas herencias
Al final se ve la pequeña mata de orquídea que aún no ha florecido la primera vez, por lo menos desde que vive conmigo
La espiga completa
La orquídea en su esplendor
Ahora el anturio rojo ... en una noche.

